De Prostituta a Princesa, de Homicida a salirse con la suya

Las historias de la realeza suelen tener todos los condimentos necesarios para un buen escándalo pero esta que voy a contarles va un par de escalones más allá.

Porque no sólo involucra a la realeza, también a una prostituta muy educada, homicidio, extorsión y una gran dosis de corrupción para un final de película.

Es la historia de Marguerite Alibert, también conocida como la Princesa Fahmy, una mujer de muchos recursos que logró salirse con la suya...

La vida de Marguerite Marie Albert comienza el 9 de Diciembre de 1890, hija de una pobre pareja parisina que solía trabajar para las elites de la ciudad.

Este roce permanente con la clase alta le dio a nuestra protagonista un gusto muy particular por lo elevado, la clase y los buenos gustos pero su origen no se condecía con sus juveniles pretenciones.

Era muy bella y refinada, inteligente y sofisticada, pero a sus quince años los padres la acusaron de la muerte de su hermano de cuatro y, como castigo en parte y alivio familiar también, decidieron enviarla a un internado de monjas, el Hermanas de María.

Como es de esperar para un convento de la época allí la maltrataron y sufrió abusos físicos de todo tipo pero, al mismo tiempo, las monjas la educaron con mucha dedicación para tener las habilidades sociales de la casta más alta.

Marguerite no era muy dócil pero un año después la expulsaron por otra razón: había quedado embarazada. Nada se sabe del padre de Raymond, la hija bastarda, pero lo cierto es que del convento volvió siendo madre y un poco más refinada.

Conseguir un trabajo se había vuelto una tarea imposible pero ella estaba decidida a tener la vida que había probado levemente en sus primeros años. La única salida viable a principios de siglo era la prostitución ¿Qué más podía hacer una madre soltera de deiciséis años en París? Era una época de cortesanas y amantes de empresarios acaudalados.

Comenzó bien desde abajo, desde lo más peligroso y con menos probabilidades de supervivencia: la calle. A su hija la envió a una granja donde podrían criarla y, al menos, darle la comida que ella no podía conseguir para ella misma en la ciudad.

Pero su educación le permitió llamar la atención en el mundo de la noche donde una cortesana con su calidad y belleza era algo imposible de conseguir y, más aun, de olvidar.

Era provocativa, tenía una personalidad encantadora, y rápidamente una madama, MAdame Denart, la incorporó a su burdel. La refinada prostituta se volvió más codiciada por los clientes y aprendió el rol de cortesana de su madama apuntando siempre hacia los clientes más sofisticados.

Obviamente no tardó en conseguir uno que diera un paso más allá, en 1907 un comerciante de vino, Andre Meller, se enamoró de ella y sin dudarlo ella se apropió del apellido y pasó a llamarse "Marguerite Meller" aun sin haberse casdo con él.

En 1913 la relación terminó y para ella quedaron doscientos mil francos que le legó su amante en compensación. Se dice que éste fue un momento clave en su vida en el que entendió perfectamente cómo iba a hacerse rica y que lo iba a lograr: seducir a hombres ricos.

Aquí es donde la vida de la cortesana se cruza con la de la realeza porque para esa época algunos miembros de la familia real británica, cuándo no cercanos a las malas decisiones y los escándalos, querían acercar al príncie Eduardo, el futuro rey Eduardo VIII, a la vida "real", que conociera una mujer de verdad que le mostrara el mundo.

El entonces Príncipe de Gales era parte de las tropas expedicionarias británicas en el continente, como oficial de los Granaderos en el frente Occidental, era 1917, plena Primera Guerra Mundial.

Dos aristócratas amigos de Eduardo le presentaron a Marguerite y el flechazo fue instantáneo, éste quedó estupefacto por la belleza y ella con la idea de tener su primer amante real (real de realeza). El negocio perfecto.

El príncipe se desvivía por escaparse del frente y visitarla y le envió al menos unas veinte cartas de amor mientras estaba en servicio. Desde ya que las mismas poseían un contenido extremadamente romántico hasta que pasaba a la parte más... íntima pero en varios pasajes de dichas cartas Eduardo se expresaba en duros términos hacia su propio parde, el Rey Jorge V.

Le criticaba el manejo de la guerra entre otra cosas además de contar detalles indebidos para un oficial hacia una prostituta.

Al año el príncipe perdió el interés y apuntó a lo que sería su estilo: una mujer casada, Freda Ward, porque ya conocemos a Eduardo y su afán por complicarse la vida hasta la abdicación.

Marguerite se dio cuenta de que iba a ser "despedida" y extorsionó a Eduardo con las cartas que poseía, le exigió una importante suma de dinero pero pronto se desdijo y prefirió no hacerlo. Había posado sus ojos en una nueva "víctima", Charles Laurent, un oficial de la fuerza aérea.

Al poco tiempo se casaron y pasó a llamarse Marguerite Laurent en 1919. A los seis meses se divorciaron pero ella se llevó una gran suma de dinero como había sido su plan desde un principio.

Mientras tanto siguió brindando sus excelentísimos servicios a hombres adinerados, apenas llegaba a los treinta y tenía un nivel de vida que pocas mujeres parisinas podían imaginar. Independencia económica, libertad para hacer lo que quisiera, una vida lujuriosa y, cada cierto tiempo, acostarse con algún adinerado que la deseaba y estaba dispuesto a pagar por ello enormes fortunas.

Compró una enorme casa con establo para diez caballos, tenía empleados permanentes, dos limusinas y había recuperado a su hija Raymond y la había enviado a la mejor escuela posible.

Lo interesante era que para la alta sociedad ella era parte y no una prostituta de alto nivel. Aun así seguía pretendiendo más y no se quedaba tranquila. No es que le faltara dinero o un buen vivir, quería un marido que la ubicara en un status aristocrático que naturalmente ella no poseía.

Así fue como conoció a un adinerado egipcio, Ali Kamel Fahmy Bey, cuyo título "Bey" podría haberla confundido creyendo que era de alto status pero el mismo se utilizaba para gobernadores, no necesariamente príncipes. Ella aun así creyó que era un príncipe egipcio y en 1922 logró conocerlo formalmente. El caballero se vio rendido a sus pies.

Marguerite se convirtió al islam y se casó ese mismo año, pero apenas se casó su nuevo y cautivado marido cambió radicalmente el trato y empezó a ignorarla. Ser la mujer de un musulmán no era lo que le había prometido Ali, sino que se había transformado, de un día para otro, en un adorno.

Nuestra dama no estaba nada contenta con el destrato y dejar de lado su poder, fuerza e influencia para ser una mujer obediente y sumisa como se esperaba en Egipto no le interesaba en lo más mínimo.

Para colmo Ali le había quitado el derecho a divorcio en un acuerdo prenupcial, Marguerite se sintió obviamente acorralada: se había metido en una trampa!

Poco a poco el clima entre ambos se enrareció y el odio creció en ella, solían tener peleas y empezó a odiarlo con furia.

El 9 de Julio de 1923 la pareja volvía de una opereta en Londres y ella le disparó a quemarropa tres balazos calibre 32 en el Hotel Savoy. Nadie jamás diría que el asesino hubiese sido otro, era obvio que Marguerite tenía asegurada la horca en el patíbulo.

Pero el as en la manga de Marguerite eran aquellas cartas. Es que luego de tanto tiempo las había conservado y Eduardo VIII seguía siendo príncipe pero con muy claras posibilidades de heredar el trono de su padre.

Ante el juez la socialité parisina utilizó las cartas para negociar amenazando a la familia real británica de exponer no sólo los amoríos y barbaridades expresadas en las mismas sino la opinión nada alegre que tenía sobre el rey. Un escándalo de proporciones.

El juez Rigby Swift la declaró inocente a cambio de las cartas, el fiscal realizó una diatriba fantásticamente cargada de contenido xenofóbico contra el ahora maligno Ali, rebajando la reputación del occiso y transformando a la dama en una víctima de las circunstancias.

Gracias a una "defensa propia" de tres balazos y veinte cartas la "Princesa Marguerite" salió caminando del juzgado y vivió el resto de su vida en París en un departamento frente al Ritz. Participó de algunos films menores y encantó a millonarios hasta sus setenta años cuando se retiró de la vida licenciosa. Falleció a los ochenta en 1971.


Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

Otros posts que podrían llegar a gustarte...

Comentarios

  • DrMato    

    Muy buena historia! Se salvó porque Edward no usaba Telegram y sus mensajes autodestruibles :D

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
  • PenPen    

    Fascinante historia. Da para una miniserie en netflix.

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
  • Cattel    

    Me quedé pensando si los hombres somos tan básicos que sabiendo algunos trucos esta chica podía seducir sin contratiempos al que se le ocurriera. Habría que ver si tuvo intentos fallidos o siempre le salía bien la movida. Igual supongo que estos trepadores manipuladores tienen un talento independiente del género/sexo.

    También me quedé pensando si lo del príncipe no habrá sido algún consejo a tiempo de su entorno de largar a la trepadora (bah, no tan a tiempo porque estaba hasta las manos con las cartitas de amor reveladoras).

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
    • Danbat    

      Pienso que es como con el poder. No es que el poder corrompe sino que atrae a los corrompibles. Lo mismo con las damas seductoras. Además, con un poco de práctica, saben identificar a las víctimas tal como lo hacen los estafadores.

      Y el príncipe estaba en las trincheras, descargaba la calentura con las cartas. No se si ya habían inventado el "send nudes".

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
      • si, ya se había inventado, pero en la trinchera estaba jodido sacarse una foto en pija :D

        • Citar
        • Comentado:
      • Busque en YT que hay un video explicando como se enviaban "fotitos calientes" desde la época victoriana, nada cartas eróticas, ´nudes´ de aquella época

        • Citar
        • Comentado:
    • Fabio    

      Preguntale a Soldan

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
  • Yako    

    Lo de hermosa te la debo

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
    • nene, los estándares de la época sumado a que el príncipe era inglés, y si viste a Wallis Simpson entendiste todo :D ...

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
      • Sandra    

        Fabio? averiguaste que fue de la vida de la hija? Debe estar viva aún. Única heredera ... habría que ver cómo repercutió en ella todo lo de su madre ... Tal vez haya sido su relación algo así como la de Susana Giménez y Mecha ... :D

        • Citar
        • Comentado:
    • Viendo el príncipe de Gales e incluso su hijo, la bosta es mas atractiva que ellos

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
    • Danbat    

      En esa época era un logro tener todos los dientes y no toser sangre.

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
      • toser sangre era hasta buscado por los artistas :P

        • Citar
        • Comentado:
    • Sandra    

      Era bonita ... atendiendo, como decís, a los issues de la época ... lo que no sé es si tenía todos los dientes ... no vi fotos sonriente ...

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
  • Sandra    

    Igual la tecnología moderna no resistirá el paso del tiempo como esas cartas bien guardadas!

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
    • quien deja escrito de puño y letra se compromete demasiado :P

      • Responder
      • Citar
      • Comentado:
  • Sandra    

    Una maestra! De las victorianas, LA MEJOR!

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:

Deje su comentario:

Tranquilo, su email nunca será revelado.
La gente de bien tiene URL, no se olvide del http/https
Para evitar bots, si se tardó mucho en leer la nota seguramente no sirva y tenga que intentar dos veces

Negrita Cursiva Imagen Enlace


comentarios ofensivos o que no hagan al enriquecimiento del post serán borrados/editados por el administrador