Derecho de réplica

Sorprendiéndome, pero por lo visto reaccionando a las voces que sonaron por todos lados ante la parcial nota que publicó el diario La Nación, dieron derecho de réplica ante el abusivo artículo de Robert B. Zoellick. El autor de la "respuesta" no es nada menos que nuestro ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa (si, el brotha' del DT de la selección)

El comercio no es tan justo como parece
Respuesta de Bielsa a Robert Zoellick
(Tomado directamente del diario La Nación) Anteayer, en este mismo espacio, publicamos un artículo del representante comercial de los Estados Unidos, Robert Zoellick, con la interpretación de por qué fracasó la reciente reunión de Cancún de la Organización Mundial del Comercio. Ese artículo, de gran repercusión internacional, es contestado en las reflexiones siguientes, que el ministro de Relaciones Exteriores escribió especialmente para LA NACION. Es así este diario un foro de debate de primer orden en cuanto a uno de los asuntos de mayor significación de la actualidad mundial .

En una maravillosa pieza de Jean Paul Sartre, "Huis Clos", uno de los personajes centrales se interroga: "¿Qué es el infierno?". Y se responde: "El infierno son los otros".

Este parecería ser el núcleo argumental del representante comercial norteamericano, Robert Zoellick, en su artículo "Estados Unidos no esperará a los países que se resisten a avanzar". En esas líneas, el distinguido funcionario pone las culpas en "los otros" para explicar la crisis de Cancún.

Creer que la conferencia fracasó por la "retórica de la resistencia como una táctica" de un grupo clave de países subdesarrollados de mediano nivel, tal como argumenta Zoellick, es un intento de eludir la responsabilidad que les cabe a los grandes del sistema comercial multilateral frente a la realidad.

La realidad pasa por visiones más equilibradas. Cancún fracasó por una suma de factores. Es verdad que en toda negociación hay que ceder y finalmente abandonar posiciones irreductibles, tal como dijimos en la sesión inaugural de la conferencia, y en eso nos cabe a todos una cuota de responsabilidad, relacionada con nuestra dosis de realismo.

Con franqueza, cuando se habla de agricultura en los Estados Unidos, se lo hace desde la opulencia, mientras que nosotros, los países como la Argentina, lo hacemos desde la subsistencia y el más puro pragmatismo económico, que aconseja la apertura de los mercados para brindar mayor bienestar a nuestros pueblos.

* * *

La inequidad más grande que tiene el comercio global son los subsidios masivos que la Unión Europea, Estados Unidos y Japón otorgan a su sector agrícola. El resultado de todas las rondas de negociaciones multilaterales de comercio ha sido una disminución de las barreras arancelarias para productos industriales en detrimento de nuestros países, generadores de bienes agrícolas.

Hasta que los pecadores, aquellos que distorsionan el comercio en nombre del mandamiento de la libertad, no estén dispuestos a nivelar el campo de juego, será muy difícil tener una ronda de desarrollo como la que se acordó en Doha. En efecto, con actitudes poco constructivas para el comercio mundial, aparecerán más carteles como aquel que llevaba el agricultor que se inmoló en Cancún, que decía: "La OMC mata agricultores".

Pero seamos precisos. No carguemos las tintas sobre la OMC. La Organización la hacemos todos nosotros. En primer lugar, no se puede pretender manejar la agenda de la Organización igual que hace 20 años, cuando dos actores principales del sistema llegaban a un acuerdo y el resto de los países debía plegarse en forma automática o limitarse a realizar cambios marginales.

Ahora somos casi 150 miembros. La nueva realidad termina por hacerse notar. Por primera vez, los países emergentes, cuyas economías dependen en mayor o menor medida de la agricultura, decidimos constituir un frente común y negociar de acuerdo con otros presupuestos con las potencias comerciales. Este es un hecho de naturaleza sistémica, que de ahora en más impactará en la dinámica negociadora.

* * *

Segundo, no es correcto atribuir a la iniciativa de un activo grupo de países en desarrollo la intención de reeditar la división entre el Norte y el Sur como paradigma del conflicto comercial de los años 70. Lejos estuvo de esto la Argentina. Nuestro país, con permanente vocación constructiva, contribuyó en todo momento a la negociación presentando iniciativas, ideas innovadoras, evitando la confrontación y alentando un diálogo positivo. Así, sin retórica y con sustancia, ganamos un lugar de privilegio entre el reducido grupo de países de consulta permanente en Cancún en todos los temas de discusión.

Con la misma dosis de franqueza, reconocemos que la Argentina no podría, por sí sola, cambiar el curso de una negociación de esta magnitud. Conscientes de ello, procuramos en Cancún efectuar permanentes contribuciones, que reflejaron una posición sólida en lo técnico, fruto de la permanente interacción con el sector privado. Esta actitud de nuestro país se evidenció también en el proceso preparatorio de la conferencia en Ginebra, y continuará siendo nuestra conducta en el futuro.

La Argentina está dispuesta a hacer, como lo ha demostrado más que lo ha dicho. Pero no a hacer cualquier cosa ni a cualquier precio.

Mantenemos nuestra visión de incorporar la agricultura en forma plena a las disciplinas de la OMC. La vía para conseguirlo es, en principio, eliminar todas las formas de subvención a las exportaciones en el plazo más corto posible. Ello implica desmantelar las subvenciones directas de la Unión Europea y disciplinar los créditos, seguros y garantías de créditos a las exportaciones que otorga Estados Unidos a sus productos agrícolas. Paralelamente, se deben efectuar reducciones sustanciales de los subsidios a la producción que utilizan los países más ricos.

También, hay que hacer un esfuerzo en el acceso a los mercados, reduciendo los aranceles muy altos, cuotas, y los picos y progresividad arancelaria.

Eso perseguíamos en Cancún. Esto estaba escrito en el mandato acordado en la Reunión de Doha. No pretendimos cambiarlo ni reinterpretarlo, y menos aún ignorarlo -como intentaron hacerlo los mayores responsables de preservar el equilibrio en el sistema multilateral-. Pero tampoco podíamos aceptar seguir otorgando ventajas en favor de los países crónicamente beneficiados por el sistema sin que éstos hicieran esfuerzos equivalentes.

En síntesis: la Argentina, junto con los países emergentes, insistirá en sus intentos para nivelar el campo de juego en la OMC, a fin de revertir el sesgo que hoy presenta el comercio mundial. No estamos solos en este desafío. Nos acompañan el sentido común, los acuerdos preexistentes y el sentido de la responsabilidad global. Así avanzaremos.

Por Rafael Bielsa Para LA NACION

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Comentarios

  • MaxD    

    Es raro estar de acuerdo en gran parte con un funcionario de un gobierno argentino, ¿cuántas veces a pasado?. Sin querer hacer bombo, me parece que este tipo de respuestas son las que uno espera de un diplomático con cargo de ministro. Que no se quede callado ante lo que muchos sentimos como abusivo, que la falta de respeto sea respondida con educación y con firmeza. En estas actitudes sí me siento representado. El tema es bastante puntual y básicamente económico, pero no deja de ser importante, lo cual mereció una respuesta acorde. Bien por el barba!!

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  • Danbat    

    Sí, es curioso sentir hasta respeto por un funcionario público.<br />

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  • Fabio    

    Bielsa es uno de los pocos respetables que ha tenido gobierno alguno, es un tipo más que correcto y diplomático, digamos que el puesto es el ideal para él, parece.

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