Una dura decisión, ¿luchar o cortarle la cabeza al enemigo?

Durante la segunda guerra púnica y tras la humillante derrota que las legiones romanas sufrieron en Cannae a manos del general cartaginés Anibal (216 a.C.) Roma se vio obligada a usar esclavos voluntarios como soldados de sus ejércitos.

Tiempo más tarde coincidieron en Benevento un contingente de tropas cartaginesas al mando de Hanón y otro de tropas romanas al mando del general T. Graco. Una gran parte de las legiones de Graco estaba formada por estos esclavos que durante dos años habían servido lealmente a Roma pero que se preguntaban si alguna vez iban a servir como libres. Graco informó de estos hechos al Senado el cual le concedió los poderes para que hiciera lo que considerara mejor para el estado.

Para devolver el coraje a sus legiones, ante el duro combate que se avecinaba a las puertas de Benevento, el general T. Graco informó a sus esclavos que aquellos que le trajesen la cabeza de un enemigo serían declarados libres de inmediato pero que a quien abandonase su puesto le impondría el castigo de los esclavos (o sea, la crucifixión frente a la decapitación de los ciudadanos libres). Al oir esto estalló el griterio entre los soldados, querían luchar cuanto antes y exigian que diera la orden de ataque cuanto antes.

Se anunció el combate para el día siguiente y los esclavos, contentos porque iban a ser libres por sólo un día más de esfuerzo, emplearon el resto de la jornada en poner a punto sus armas. A la mañana siguiente, inmediatamente después de sonar las cornetas, los esclavos acudieron a la tienda del general prestos y dispuestos para la lucha. Los diecisiete mil infantes y mil doscientos jinetes cartagineses por supuesto también formaron para la lucha y se entabló un combate encarnizado.

Tras cuatro horas de lucha aquello parecía que no avanzase y es que estaba ocurriendo algo insólito. Los esclavos en cuanto mataban a un enemigo lo primero que hacían era entretenerse cortándole la cabeza y no continuaban luchando. El desorden era brutal, el campo de batalla estaba lleno de soldados con cabezas en las manos y cuando se informó a T. Graco que en vez de luchar contra los enemigos vivos los esclavos se estaban ocupando de decapitar a los caídos y que en las manos en vez de espadas llevaban cabezas, el general ordenó de inmediato que tiraran las cabezas, que ya había visto que su valor era notorio y que sin duda a los esforzados les concedería la libertad.

A raiz de estas palabras el combate se restableció pero no iba ni adelate ni atrás y Graco, algo enojado, gritó que si no se ganaba que se olvidaran de ser libres. Los esclavos, al oir esto, se lanzaron gritando contra los enemigos con tal violencia que no pudieron pararles. Tras derrotar a la primera línea cartaginesa, la segunda y posteriormente a todo el ejército, los esclavos siguieron hasta su campamento a los cartagineses que sobrecogidos por el miedo huían despavoridamente. Dentro del campamento enemigo se libró otro tremendo combate y los esclavos romanos masacraron a los cartagineses en una horrorosa carnicería.

Del numeroso ejército cartaginés solo lograron escapar menos de dos mil hombres (jinetes en su mayor parte), el resto fueron muertos o apresados. Entonces T. Graco le concedió la libertad a los esclavos que lo celebraron con júbilo, ¡por fin podian luchar como ciudadanos libres!.

José Hurtado

Extraido de Aquí

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Comentarios

  • Marinita    

    Ja, utan mucho sus posts Akhos, utan.

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  • Anónimo    

    es mejor pelear por una causa que pelear solo por ganar respeto y poder

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