Haití, 200 años después, nada

Hace más de 200 años que Haití es libre... bah, es una forma de decir, libre.. quien es libre hoy en día? pero bueno, su libertad fue atípica en su momento, ni EEUU estaba a ese nivel, ni Francia, porque fue esta misma quien primero los liberó y luego los quizo oprimir nuevamente y los haitianos vencieron a las tropas napoleónicas, aboliendo la esclavitud en su país... pero lo pagaron carísimo.

Ahora hasta nuestro país va a enviar tropas a la isla para terminar de "colonizar" a esos negros que se rebelaron contra la esclavitud ¿que se creen? porque en 200 años fueron los más relegados, los más despreciados, por ser negros, por ser negros independientes y libres, les costó tan caro que lo siguen pagando, son el escarmiento de los imperios, un "así van a quedar si se liberan" y muestran a la media isla con la mayor pobreza de América y el mayor índice de SIDA y HIV en la población, para que sepan que así quedan los que se resisten a la dominación.

Les dejo un artículo de Eduardo Galeano titulado "La maldición Blanca" aparecido en el diario Página 12 que encontré en el blog de Luis Beltrán.



La maldición blanca
Por Eduardo Galeano



El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
–¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
–El anterior.
–Pues, que se restablezca.
Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.
Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

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Comentarios

  • Marinita    

    Saben qué fue lo que más me impresionó, y la esencia de todo este texto? (y de la catastrófica situación actual): "...por eterno castigo de su dignidad.." Esa frase. Esta cita representa la opresión a la que son sometidos los pueblos que, si no libertad económica, al menos pretenden dignidad, y son aplastados y desangrados por el Bush-Paradise. Dá impotencia leer testimonios como este; pero ya abandono el monólogo porque todos sabemos de impotencia y bronca y no necesitamos que lo escriba una pendeja.
    jejeje.

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  • MaxD    

    Qué bueno que lo recordaste, porque es verdad que este evento está fuera de la historia oficial. Los parias siempre quedan relegados, como lo muestra el relato y lo prueba la historia.
    Curioso que lo nombra al mismo Jefferson que yo cité en el post anterior, donde hacía una bella exaltación de la igualdad entre los hombres, "claro" que se refería a unos que eran más iguales que <b>otros</b>, no sé si queda "claro". Eso mismo opinaba la mayoría de la intelectualidad de la época.
    Entonces estos hombres de piel morena no se la bancaron y pusieron en duda su subordinación por color.

    Creo que a las revueltas de esclavos que luego se organizaban en comunidades en la clandestinidad se las llamaba <i>quilombo</i>, viendo la página de la RAE bien dice que es un vocablo de origen africano, pero el significado ha quedado bastardeado, hoy lo usamos en un sentido totalmente peyorativo y bajo. Los <i>quilombos</i> también tuvieron origen en aquella isla de centroamérica.

    Y, sí, Marinita, necesitamos escribir y hablar mucho de estas cosas; porque si bien vos y varios de nosotros "sabemos de la impotencia y de la bronca" por las injusticias que sufren los débiles (en realidad solo tenemos una idea, pero estamos dispuestos a entenderlas, comprenderlas, discutirlas); mucha otra gente mira para otro lado por negación, autojustificación o para evadir la angustia.

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  • Fabio    

    MaxD

    Los Quilombos eran los lugares donde se refugiaban los esclavos rebeldes, los que se escapaban buscando libertad y demás. Obviamente eran un "quilombo" como lo usamos nosotros, ejej, como lo es todo refugio de prosciptos, pero eran lugares comunitarios que servían para sobrevivir antes de que los cuelguen o los muelan a latigazos por su osadía.

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  • MaxD    

    Eso, eso!
    Sí, se generaban en una actitud defensiva y seguramente no se organizaban en asambleas y votaban Constituciones y autoridades y cargos administrativos.

    Pero por ejemplo, los primeros blancos que venían a América y se asentaban en esos fuertuchos que los cagaban a flechazos y los tipos vivían como podían, ... esos, no eran un "quilombo"? Guiño

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  • Fabio    

    sep, eso era un "bardo" ya :D:D

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  • carloseme    

    Gracias por el articulo, aprendi mucho de Haiti y de la traicion de Bolivar. De EEUU, solo puedo decir: "aca tambien??", veo q su politica de intervencionismo, imperialismo y varios "ismos", es bien nutrida. Gracias otra veZ

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  • Nathalie    

    Soy haitiana. No hablo Español bien pero fue muy interesante ver lo que están diciendo los latino americanos sobre mi país.
    Espero que ustedes entienden el Ingles también porque no se come decir en Español que:
    I have bookmarked the page where you inserted Eduardo Galeano€™s article.

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  • jsus    

    hola quisiera saber mas sobre la esclavitud en brasil y por su puesto en mi pais (Venezuela), me parece que es un tema de suma importancia ya que creo qtodavia esta es una situacion que aun no se a resuelto y en muchos paises del mundo existe. gracias

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