El tiempo le llegó a los diarios de papel
Es hora de que desaparezcan, no lo digo porque tenga algo contra ellos, no es un deseo, es un hecho, una realidad, no sabemos por qué todavía existen.
La semana pasada mientras unos festejaban que un antiguo puesto de diarios se había transformado en un café al paso, otros se lamentaban creyendo que eso significaba que la lectura en papel se veía afectada y que el causal era el cafecito... no que ni ellos mismos, quejosos anti progreso, no habían comprado un diario en los últimos 20 años y ni sabían que su propio canillita ya estaba muerto.
¿Cuando fue la última vez que compraste un diario en papel? ¿Acaso lo recordás?
Al comentar esto más de uno recordó que solían leerlos en bares y las revistas en peluquerías o consultorios, pero a ellos volví con la misma pregunta ¿Cuándo fue la última vez que los compraste?
Si tenés más de 65 años posiblemente en alguno de los últimos meses, si tenés más de 75 seguro que todas las semanas, todos los días no conozco a nadie ya. Ni mis viejos lo compran, leen las noticias online.
El papel es una extensión de un mundo que ya murió, es el último vestigio, no es culpa nuestra que muriera, me hubiese encantado que los diarios en papel tuviesen más vida y relevancia, pero en ese sentido perdieron una batalla imposible de ganar con un medio que los supera en casi todo sentido.
En lo único que no le gana una pantalla es en el olor a papel y tinta, en la calidez de abrir cualquier página y ponerte a leer, no obligado por el clickbait, no obligado por un algoritmo, sólo por el placer de leer algo. Pero eso ya no existe para nadie porque, si nadie está dispuesto a pagarlo ¿Cómo se podría sostener? La publicidad sólo está donde la atención de la gente va, y no es a leer precisamente.
Por varias razones que escapan al lectorado los diarios en papel en Argentina siguen existiendo. La razón usualmente es política, no económica, ya que sólo dan pérdida si vamos a los números.
Pero son un músculo político y esa es la razón verdadera por la que todavía se sostiene una tirada casi ficticia, ya que la circulación es paupérrima, prácticamente nadie compra el diario en un kiosko, y por ende esos mismos puestos de ventas de diarios han ido desapareciendo o mutando.
Mutando no sólo en cafecitos, los que todavía venden el diario también venden coeleccionables y juguetes, las revistas pasaron a un terecer o cuarto plano, hay quienes hasta venden plantas, adornos y peluches, la distribución de diarios y revistas se reserva para unos pocos ejemplares en un horario en particular, el resto del día son otro negocio completamente distinto.
Los medios argentinos tuvieron alguna vez la oportunidad de alargar su vida y estaba del lado de la tinta electrónica (eReaders) cuando el celular todavía no tenía tanta penetración, una vez alcanzado el máximo los teléfonos fueron rey y no hubo forma de volver atrás.
La inmediatez le ganó al análisis, la mayoría de los medios locales no supieron vender una buena idea detrás de los muros de pago, y si bien todavía tienen una muy buena cifra de suscriptores, no los tienen por el papel... es por Internet.
El sistema de suscripciones que implementaron fue tan malo como su contenido, nunca iba a funcionar si no había un diferencial y no lo hubo.
Es algo lógico, el diario de papel debe morir, no importa lo que pataleen los nostálgicos.
¿Se acuerdan cuando el kirchnerismo intentó copar el negocio del papel creyendo que ahí estaba la clave del poder? Papel Prensa, el control de la compañía que produce el papel para los medios era el foco de la controversia, sin embargo para ese entonces Internet estaba llegando cada vez a más gente.
¿Se imaginan esa lucha hoy en día? Si un gobierno futuro amenazara con quedarse con el control del papel los medios le dirían "Adelante capo, nadie te detiene". Ya no es la proyección de poder que fue, eso quedó en el tiempo.
Tampoco se pudo traducir de forma directa en visitas en sitio web, los medios ahora luchan incesantemente por figurar, clickbait por todos lados, fake news, ninguna retractación, nada importa, ya no hay reglas, no hay editores, no hay corrección, no hay enlaces, todo es bait, todo es carnada para la atención de los peces bobos que consumen titulares.
Así que ese estilo que tenía el papel, más analítico, resumido pero al grano, asincrónico, pensado, ya no tiene lugar en los tiempos que corren.
Por ahí, en un futuro lejano, alguien vuelve con la idea de resucitar el papel para poder tener una lectura amena y tranquila, será cool, como coleccionar vinilos o cassettes es ahora, pero leyendo noticias pasadas y analizadas, pasadas por un tamiz, sólo las que importan, no las que te activan dopaminas.
Pero ese tiempo está en la fantasía, el fénix primero debe morir para poder renacer, es hora de dejarlo ir.
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