El duelo y el caballero del aire

Ernst Udet era uno de esos grandes pilotos de la Primera Guerra Mundial, fue la contienda en la que ser piloto era sinónimo de caballerosidad, aristocracia, elegancia y códigos de conducta.

Esta idealización contrastaba con el barro y la deshumanización total de las trincheras, pero, al mismo tiempo, le servía a los soldados como escape mental de las desgracias que vivían.

En ese contexto a Ernst le tocó, según él mismo contó, enfrentarse con el mayor as del aire francés, Georges Guynemer. Y la única razón por la que Udet pudo contar su experiencia fue porque Guynemer era uno de esos caballeros del aire.

Ernst Udet

Es posible que todo el relato de Ernst Udet sea una mentira, que él nunca se haya encontrado en el aire con el excelentísimo rival quien dijo enfrentar. Es posible, pero aun así la fantasía heroica que escribió inspiró a muchos y enalteció a su rival.

Georges Guynemer, como muchos jóvenes de su edad, no vivió para contarlo, falleció en pleno combate aéreo cuando una bala le perforó el cráneo. Así de crudo era el destino de tantos aviadores incluyendo a los mejores.

Cuando Udet formaba parte del Jasta 15 dice haber encontrado a Guynemer a unos 5000 metros de altura. Para ese momento el francés contaba con 30 victorias y solía cazar enemigos en soledad.

Desde su avión, cuando estaban relativamente cerca, pudo ver el texto en el Spad S.VII de Guynemer... "Vieux" o como estaba escrito completo: "Vieux Charles", era el peor rival que podía encontrar en el aire.

El relato de Udet describe detalladamente qué sucedió aquél día luego de que el as derribara a su compañero Puz...

El relato


Guynemer, que siempre caza solo, como todos los depredadores peligrosos, que sale desde el sol, derriba a sus oponentes en segundos y desaparece. Así alejó a Puz de mí. Sé que será una pelea donde la vida y la muerte penden de un hilo.

Hago media vuelta para caer sobre él desde arriba. Él entiende de inmediato y también inicia un bucle. Intento girar y Guynemer me sigue. Una vez fuera del giro puede ponerme en su punto de mira por un momento. El granizo metálico resuena a través del panel de mi ala derecha y resuena cuando golpea los puntales.

Intento todo lo que puedo, inclinaciones más cerradas, giros, deslizamientos laterales, pero con la velocidad del rayo se anticipa a todos mis movimientos y reacciona de inmediato. Lentamente me doy cuenta de su superioridad. Su avión es mejor, puede hacer más que yo, pero sigo luchando. Otro giro. Por un momento entra en mi mira. Aprieto el botón de la palanca... la ametralladora permanece en silencio... ¡parada!

Con mi mano izquierda agarrada alrededor del mando, mi derecha intenta pasar una ronda. No sirve: el bloqueo no se puede solucionar. Por un momento pienso en descender e irme. Pero con tal oponente esto sería inútil. Él estaría en mi nuca de inmediato y me dispararía.

Seguimos girando y girando. Hermoso vuelo si las apuesta no fueran tan alta. Nunca tuve un oponente tan ágil tácticamente. Por unos segundos, olvido que el hombre que tengo enfrente es Guynemer, mi enemigo. Parece como si estuviera entrenando con un camarada mayor en nuestro propio aeródromo. Pero esta ilusión dura solo unos segundos.

Durante ocho minutos damos vueltas uno alrededo del otro. Los ocho minutos más largos de mi vida. Ahora, acostado boca arriba, pasa sobre mí. Por un momento solté el mando y golpeé el receptor con ambos puños. Un recurso primitivo, pero a veces ayuda.

Guynemer ha observado esto desde arriba, debe haberlo visto, y ahora sabe lo que pasa conmigo. Sabe que soy una presa indefensa.

De nuevo me roza, casi de espaldas. Entonces sucede: extiende la mano y me saluda, saluda suavemente y se sumerge hacia el oeste en la dirección de sus líneas.

Vuelo a casa. Estoy entumecido.

Hay personas que afirman que Guynemer tuvo un paro en ese momento. Otros afirman que temía que lo embistiera desesperado. Pero no creo en ninguno de ellos. Sigo creyendo hasta el día de hoy que un poco de caballerosidad del pasado ha seguido sobreviviendo. Por esta razón deposito esta ofrenda floral tardía sobre la tumba desconocida de Guynemer.

PS: el logo de Guynemer fue utilizado por Hispano Suiza para sus autos

Si te gustó esta nota podés...
Invitame un café en cafecito.app


Otros posts que podrían llegar a gustarte...

Comentarios

  • Alejandro    

    Interesante!!

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
  • Pablo    

    Totalmente! Puede ser bolazo total, pero elijo creer!!!
    Hermoso relato. Gracias Fabio.

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
  • Danbat    

    Real o no, es una gran historia.

    Y a veces, muy de vez en cuando, nos enteramos que aún hoy suceden historias similares. Y nunca me dejan de emocionar, sean reales o no.

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:
  • Cattel    

    - Otra vez trabaste la ametralladora, Udet, sos un animal!
    - Pará, nada que ver. No vas a creer lo que me pasó! Resulta que...

    • Responder
    • Citar
    • Comentado:

Deje su comentario:

Tranquilo, su email nunca será revelado.
La gente de bien tiene URL, no se olvide del http/https
Para evitar bots, si se tardó mucho en leer la nota seguramente no sirva y tenga que intentar dos veces

Negrita Cursiva Imagen Enlace


comentarios ofensivos o que no hagan al enriquecimiento del post serán borrados/editados por el administrador