Rescatando la memoria

Parece ser que al pobre de Pantaleon Perez el fatum (destino) se empeña en querer eliminarlo. Insistimos con no olvidarlo y aqui lo posteamos nuevamente. Gracias a los comentadores anteriores por sus aportes.Y en breve, gracias al apoyo de ustedes, pondremos alguna cosita mas sobre la historia pueblerina olvidada y sus personajes.



Rescatando Nuestra Memoria
XIV La azarosa vida de Pantaleon Pérez


Uno de los oficios más antiguo del preterito General Belgrano fue el de cochero de alquiler, o como se diría hoy en día, taxista. Hoy nos ocuparemos de la esforzada y azarosa vida de uno de nuestros mas ilustres desconocidos: Pantaleon Pérez, de profesión cochero.

Los carruajes de alquiler nacieron al compás del crecimiento pueblerino, desde 1880 aproximadamente, hasta alcanzar su cenit en 1920 cuando poco a poco el uso extendido del automóvil los fue relegando cada vez mas hasta desaparecer; porque el coche de alquiler era a caballo. Los primeros registros de patentes de coches de alquiler datan de 1885 cuando se inauguro el juzgado administrativo de El Salado. El juez Alais censó tan solo dos vehículos habilitados al efecto. Uno pertenecía a José Motta y el otro a Alberto Francisco Comminges, el mismo que luego seria a su tiempo el juez de paz.

Al igual que hoy en día los coches poseen dueños y peones, en este caso los inscriptos son los dueños, los peones recién a partir de 1892 figurarían en los permisos expedidos por la municipalidad. En 1886 una sorpresa adicional: los coche de alquiler aumentaron a tres; el tercero pertenecía a José María Maggi, el doctor de policia. A partir de allí, poco a poco iría aumentando en uno o varios coches mas indicando también el crecimiento demográfico del pueblo. Los coches de alquiler básicamente vivían del transporte de pasajeros del tren, en sus dos o tres frecuencias diarias y la nocturna, a los distintos puntos del ejido urbano o a los hoteles. Tanto Lorenzo Labat como Carlos Boari, dueños de sendos hoteles llamados "de Labat o Unión" y "de los estancieros" no poseían coches propios, no así Joaquín Zabala dueño de un pequeño albergue que gracias a este servicio logro competir ventajosamente contra los grandes hoteles.

La primer noticia que tenemos de Pantaleon Pérez no fue en carácter de cochero.Apareció en uno de los balances mensuales de la intendencia, el de febrero de 1906, como peón de Alumbrado y limpieza. El Sr. José Carpinetti era el encargado y Pantaleon su ayudante. Ambos tenían la ímproba tarea de iluminar el casi centenar de faroles de queroseno todas las noches. Esta tarea implicaba limpiar y cortar las mechas, llenar de combustible y encenderlos, además de las reparaciones usuales. Además debían por las mañanas limpiar las calles con un carro, un cepillo duro y palas de los restos callejeros y recoger la basura del vecindario. El trabajo era tranquilo pero la paga exigua, aún para esa epoca ($ 50. -); por lo que Pantaleon tras solicitar un inútil aumento de salario renuncio para poco tiempo después iniciar la carrera que seria la culminación de su vida: cochero de alquiler.

¿Pero quien era este hombre? Investigaciones en los archivos del registro civil han confirmado que nació cerca de 1860, posiblemente en Buenos Aires y emigro a General Belgrano en 1890 donde trabajo de peón y changarin en la estación El Salado FCS. Estaba casado y tuvo 4 hijos, todos ellos en General Belgrano. En 1907 tentado por la vida nocturna y la tranquilidad del oficio, fue presentado por Claudio Leguizamon, dueño del carruaje, para que sirviera de conductor en el coche numero 22 el día 13 de septiembre de 1907 en un expediente que aun se conserva en el archivo municipal.

Para tener la habilitación municipal, hacia poco tiempo atrás se había implementado una medida odiosa, para sus implicados, que exigía una serie de requisitos. Al respecto leamos una solicitud presentada por los dueños de carruajes de alquiler con fecha Mayo 22 de 1907 y que dice:

Al Sr. Intendente municipal Sr. Narciso Stegmann
Los abajo firmantes, propietarios de carruajes de alquiler de esta localidad, enterados de la nueva ordenanza promulgada recientemente y la que se podrá en vigencia el 1 de junio próximo, al señor intendente respetuosamente presentamos y exponemos que la nueva ordenanza viene a lesionar nuestros intereses y afecta la dignidad de nuestros empleados y como nuestro pueblo no es una ciudad populosa, en la que es imposible conocer a todos los conductores, pues somos tan solo unos diez coches mas o menos con largos años de residencia unos y nacidos aquí otros. En cuanto a las tarifas promulgadas no se ajustan a la necesidad, viendo la carestía en que se encuentra los forrajes y la vida del mismo habitante; que todo es doble y que las tarifas muy reducidas pedimos que la hora en vez de un peso sea de uno y medio, en planta urbana, y fuera el doble. Que los viajes directos que pasen de diez cuadras sean doble y que no se permita llevar baúles en el pescante, solamente valijas de equipajes. También pedimos suprimir la revisión medica y el certificado de buena conducta; siendo suficiente el del propietario del carruaje, ya que de otro modo no es posible conseguir empleados


El concejo deliberante en una comunicación del 24 de mayo de 1907 simplemente denegó el pedido y así quedaron instauradas estas verdaderas horcas Claudinas para los trabajadores del trote corto y ginebrita larga. En que consistía la cuestión? Simplemente que para ser cochero además de pagar el tributo correspondiente había que elevar una petición donde constara el estado de salud del interesado (en esa época José M Maggi y Enrique Castagna eran los únicos médicos, siendo el de pobres -Castagna- llamado "medico de policia"), un certificado de buena conducta expedido por la autoridad policial local y una nota por parte de al menos dos vecinos caracterizados que recomendasen al suscrito. ¿Era ocioso tal papeleo? Veamos

Gral. Belgrano febrero 17 de 1911 El Comisario que suscribe certifica que Wenceslao Peña ha tenido once entradas en esta comisaria por diferentes causas.

Por lo visto, creemos que no, y aunque parezca extraño en el mismo expediente figura la recomendación de dos vecinos: Adrián Burgueño (ex intendente) y José Iriarte, donde recomendaban al citado Wenceslao como un personaje ejemplar digno de figurar en el panteón de los próceres. Obviamente detrás de esta recomendación se escondía la liebre: Wenceslao Peña era cliente político de Burgueño.Entonces Pantaleon Pérez al iniciarse en la profesión debió realizar este tramite, amargo para la honra de varios, pero que llevo a cabo con felicidad. El segundo punto del petitorio referente a las tarifas era correcto. Los precios oficiales no favorecían a los conductores:

Intendencia Municipal de Gral. Belgrano
TARIFA
Art. 9
Por viaje directo en solares y quintas
No excediendo de 15 cuadras. $0,50
Por hora en solares, chacras y quintas. $1,00
Por cada media hora siguiente o fracción. $0,80
De 1ro de octubre a 31 de marzo
De 9 p.m. a 6 a.m........................el doble
De 1ro de abril a 30 de septiembre
De 7 y media p.m. a 6 y media p.m........el doble
Por viaje directo al Hipódromo o
Viceversa en día de carreras o feria
Por persona. $ 0,50
Los días de carnaval, en el corso, por hora. $ 2,00
Cada media hora siguiente o fracción. $ 1,00
Gral. Belgrano, mayo de 1907.

Este tarifario estuvo fijado durante decadas a la pared en la estación de tren, estaba realizado en una chapa esmaltada a la vista de los eventuales clientes. Si se comparan con los gastos de patentamiento y licencia (de 1892 por ejemplo) tenemos:
(Ordenanza Fiscal e Impositiva) Articulo 4: las patentes de rodados y demás se cobraran en la formasiguiente: Coches fúnebres en general. $ 5; Carruajes particulares y diligencias. $ 30; Carruajes de alquiler. $ 25 A lo que había que sumarle la chapa (patente) ($ 0,50) y el papel sellado ($1) da un total de $ 26,50 de gastos; el equivalente a 43 viajes mínimos. Si pensamos que habían alrededor de una docena de carruajes de alquiler y la planta urbana comprendía 1200 habitantes esta claro que la principal fuente de ingresos eran los viajeros del tren. El mismo problema que casi un siglo despues aqueja a los taxistas de la ciudad autonoma de Buenos Aires, demostrando de paso, que la historia es un circulo que jamas deja de cerrarse.

La competencia era dura, la espera larga y la paga no siempre alcanzaba para completar el cupo diario que se debía rendir al patrón. Sin embargo la vida de cochero no le sentó mal a Pantaleon Pérez, quien a poco de comenzar ya era conocido. Matizaba sus largas horas de vigilia jugando a las cartas con sus compañeros de rubro o bebiendo una copita de ginebra en las noches frías de invierno.

Una fuente de indudables recursos lo eran las pupilas del prostibulo local, quienes impedidas de circular libremente por el pueblo, solo lo podían hacer, según disposiciones de la epoca (por ordenanzas), en coche cerrado. Pantaleon Pérez prontamente asimilo la rutina de las prostitutas en sus compras o paseos en los días que no laboraban.La famosa vuelta del perro, es decir circular alrededor de la estacion de tren del pueblo situada en el centro de nuestra localidad.

El tiempo paso inexorable y el pueblo creció. Ya no eran las escasas doce manzanas que rodeaban a la estación. Las quintas y chacras ya entraban en conflicto con la urbanización. En 1905 se había promulgado una ordenanza prohibiendo el ganado vacuno y porcino en el ejido del pueblo. Esta medida desata una serie de gravosos juicios que la municipalidad predio. También se había dictado una ordenanza prohibiendo la construcción de barro y paja, en 1906 y otras mas sobre cercos y veredas. General Belgrano estaba conociendo su ascendente cenit hacia 1910, año en el cual hallamos en mejor posición a Pantaleon.

Ya cansado de su antiguo patrón, Claudio Leguizamon, decide trabajar con Juan Masoa. Este personaje contaba con una pequeña flota propia de 4 coches de alquiler, lo que representaba una potencia en esa época. Le toco el suerte el nro. 9, curiosamente el mismo que en 1907 había detentado Wenceslao Peña, el de las once entradas. La cosa no debió andar del todo bien para Pantaleon, porque al año Wenceslao volvería a sentarse en el pescante del coche nro. 9 según los registros municipales y los avisos en el semanario local.

Entre 1911 y 1913 de algun modo Pantaleon Pérez logro alcanzar el sueño del carruaje propio. Nunca sabremos si fue una oportunidad de algún colega que se había retirado o la paciente dedicación de guardar un pesito encima de otro, a pesar del crudo invierno y las largas noches, resistiendo la tentación de una ginebrita mas en lo de Ottaviano La cuestión es que a principios de 1914 ya poseía su vehículo propio.

Para ubicarnos en el contexto de aquellos años rememoremos: en 1906 se instalan las primeras líneas telefónicas en el pueblo, al poco tiempo las familias más importantes y los comercios mas pujantes también estaban conectados. El Bar-Confiteria de Ottaviano hacia 1915 consigue el suyo, recordemos que este bar además de ser confitería y dedicarse a las labores de un restaurante y rotiseria era distribuidor de la cerveza Palermo. Ni corto ni perezoso, Pantaleon que tenia instaladas sus "oficinas" en el negocio de Antonio Ottaviano, hace publicar en el Imparcial este aviso:

Coche de Plaza El del cochero Pantaleon Pérez queda atado toda la noche para Servicio de los pasajeros que viajan en los nocturnos. Su parada es en la confitería de Ottaviano, donde pueden solicitarlo al nro. 47 de la Unión Telefónica.

El avisito rindió sus frutos, y Pantaleon conoció una época de prosperidad no abrumadora, pero cuando al menos abundante. Su figura ya estaba engrosada por los varios kilos de mas y a los 50 años ya formaba parte del folklore pueblerino. Sin embargo el destino (el fatum de los latinos) enviodiosamente trabajaba en su contra. Así el 23 de abril de 1916 la desgracia cae en forma de vigilante, lo cual tambien demuestra que inclusive fuera de la ciudad de Buenos Aires la policia se ha llevado de los pelos con los taxistas. Leemos en el sumario respectivo:

Al señor Intendente municipal Don Juan E de la Fuente
Tengo el agrado de elevar a Ud. Las actuaciones realizadas por esta comisaria al sujeto Pantaleon Pérez por haber infringido la ordenanza municipal sobre abandono de coche, como también la suma de ocho (tachado a cinco) pesos, multa que le fue impuesta por hallarse la intendencia no en funciones.
Luis M Amarante
Comisario.

¿Cuál había sido el terrible delito que rompía la impavidez de una conducta hasta ese momento tranquila? Simplemente no respetar el articulo segundo de la ordenanza sobre transito: "Queda terminantemente prohibido tener vehículos desatados sin su correspondiente manea, en los sitios donde los conductores desciendan de ellos"
Prosigamos releyendo el parte policial, redactado el testimonio por el oficial Vicente Giura (nota: este Vicente Giura no es el farmacéutico, sino un homónimo):

"Anoche siendo las 12 pm en circunstancias que pasaba por la casa de negocios del vecino José Antonio Ottaviano, había un coche abandonado y sin manear. A lo que entre al citado negocio y encontré al sujeto Pantaleon Pérez, propietario del carruaje mencionado tomando en una mesa en compañía de varios, a los que cite a que se presentaran en esta comisaria siendo testigo el vecino José A. Ottaviano..."

El testigo, en un verdadero brete, a continuación expuso, quizás temeroso de meter la pata con la autoridad o con sus clientes:

"Don José Antonio Ottaviano, italiano de 26 años, soltero con instrucción de ocupación comerciante domiciliado en eta localidad, expone, que siendo las once y media de la noche se presento el mencionado Pantaleon Pérez quien le pidió una copa que le sirvió y que había abandonado su coche y lo tenia sin manear..."

Y finalmente el procesado

"Que siendo las once y media de la noche en circunstancias que venia con varios amigos a la fonda, lo invitaron a tomar un café a lo que el deponente acepto llevándolos a la confitería del Sr. Ottaviano; bajándose él y sus viajeros dejando el coche sin manear..."

El resultado de todo esto? Se paso preso toda la noche hasta que abrió la intendencia y se le concedió la libertad, no sin depurarle antes de los 5 pesos dichosos. Pantaleon Pérez nunca mas se bajo del pescante sin atar el vehículo. Las crónicas policiales ya no gastarían mas tintas con él. Su ultimo paso a través de la burocracia lo daría el Dr. Norberto B. Soloeta, hijo del boticario Esteban Soloeta, en el certificado de defunción.

El 20 de junio de 1925 a las 22 horas, fallecía de una cirrosis hipertofica a los 65 años de edad dejando a su viuda y sus cuatro hijos a los que los vientos de la historia. El impresor y ex periodista Hector Ramallo alcanzo a conocer en la década del 40 a uno de sus hijos, un anciano declinante. Ya nadie recuerda a Pantaleon Perez y su transito por las calles del finisecular General Belgrano, se ha perdido para siempre su memoria y su familia. Solo los viejos papeles amarilleados por el tiempo dan cuenta de que alguna vez haya existido. Como dijese Borges

Para esa prueba vivieron toda su vida esos hombres; ya se han borrado las caras, ya se borraran los nombres.

posdata: Pantaleon Perez es, fue y sera un desconocido. La reconstruccion de su vida fue posible gracias a una serie de documentos de epoca hallados en el archivo municipal entre 1997 y 1999, testimonios orales y material de prensa de esa distante época (El Imparcial). En sí, este articulo solo pretendió rescatar la memoria de un ser anonimo como una muestra de afecto por nuestra pequeña historia y nuestros antepasados.

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Comentarios

  • Devilcrow    

    A ver... aver que habia comentado aqui....ah.......que recuerdo mas a pantaleon pantoja y sus visitadoras....

    :D

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  • jhony    

    Algo recuerdo, puse que burocracia en esos años. Picarón el Pantaleon, menudo nombre

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  • Danbat    

    Qué buen relato de una historia simple. Sin dramatismos, sin artificios, es la vida de una persona como tantas, que hizo su parte en una sociedad como otras. Historias de esas se cuentan por miles en los pueblos, historias que se desvanecen en el tiempo, haciéndonos olvidar que todos suman su grano de arena en los laberintos de la civilización. Me gustó.

    El post original no lo había alcanzado a leer porque estaba de viaje y ocupado en otras cosas. Valió la pena esperar y leerlo con más calma.

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  • Esteban    

    muy interesante, me gusto mucho....yo tambien vengo de un pueblo y la verdad es que he escuchado varias historias de esta clase...ojala haya mas....

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  • Edwin    

    Gracias por los comentarios. Este trabajo es parte de una serie de articulos documentales que hice entre el 97 y el 99. Como mencione en el post anterior (que se borro), hay mas, exactamente 15 capitulos: 1 y 2 La prehistoria de General Belgrano (1870-1891), 3 Sobre doctores, pobres y farmacias; 4 Los lecheros; 5 La pantalla de Plata en el pueblo (1905-1930); 6 La odisea del edificio municipal (1892-1937) 7 Las viscisitudes del primer intendente (Ferrer); 8 La conscripcion de Curumalan (1905) y los belgranenses; 9 Sobre las industrias (1885 hasta 1930); 10 La explosiva vida de Alfonso Gaspari (pirotecnico); 11 Sobre el primer cementerio local; 12 La Cotorra (un diario escandaloso) en 1920; 13 la pequeña historia de las Bandas de Musica en Belgrano (1891-1930), 15 La historia de los prostibulos en nuestro pueblo (1880-1937). Proximamente (falta digitalizar la ultima) prometo postear la que mas les agrade. Tampoco es cuestion de aburrir Guiño

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  • jhony    

    Edwin dale con más historias, anécdotas, están re-buenas.Guiño Te aclaro que a mi no me aburren, al contrario me agradan leerlas.

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  • Execelente el relato, me hace acordar al libro las Hamacas Voladoras. Me gustaria leer o tener los 15 capitulos que menciona Edwin. Bueno como verán soy nacido y de nacionalidad Belgranense, fanático del pueblo, a pesar de la distancia. En la historia de general belgrano, sus personajes, sus anecdotas, su frases célebres, etc. hay para varios tomos, todos lindos, y hermosos, este pueblo tiene sabor y aroma de pueblo,personalidad e identidad propia que espero no se pierda nunca.

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  • Felicitaciones por poner esta hgermosa paguina.

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  • Anónimo    

    muy bueno soy de Belg. y no conocia estas historias la verdad me sorprendo de mi pueblo..Guiño

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  • Marta    

    Cacho: soy la esposa de tu sobrino José Luis. Tengo en mis manos el libro que me entregó Delia y ya he empezado a leerlo. Me encantó el comentario sobre el abuelo Tomás y es así: ninguno de sus hijos tomó la mala senda; sino que siguieron fieles sus consejos.
    Tu hermana Luisa (mi suegra) hablaba muy bien de su padre y yo, casi podría decirte que lo conocía, aún sin que así fuera.
    Bueno, me gustaría que te comunicaras vía mail y así poder seguir manteniéndonos en contacto.
    Un cariño muy grande a toda la flia, de parte mía y de José.

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