Es que también, a Alemania no podés dejarla 15 minutos sola, que te arma un quilombo y la pudre. Primera y segunda guerra mundial, y Merkel deseuropeizando Europa, amiga de Putín e iniciando la invación legal de miles de corrientes migratorias.
El plan Morgenthau - O cómo la humanidad evadió la Tercera Guerra Mundial al no adoptarlo
En 1944 el Secretario del Tesoro de los EEUU, Henry Morgenthau Jr, tuvo una idea. No por tener una idea era una fantástica o que valiera la pena seguir, pero el tipo tuvo una idea y creyó que era buena.
Volvemos con un poco de historia de la Segunda Guerra Mundial en el blog y en esta oportundidad una de esas cosas que MENOS MAL que no se hicieron.
Para 1944 los aliados ya se estaban poniendo a discutir qué sería del mundo una vez vencida la Alemania Nazi porque era bastante obvio que faltaba mucho menos para el desenlace final.
Ese año también el secretario del tesoro escribió un memorandum intitulado "Suggested Post-Surrender Program for Germany", hasta el título va perfecto, el problema es cuando nos adentramos en el memorandum.
El plan establecía una serie de condiciones que debían cumplirse y forzarse sobre la vencida Alemania que eran más draconianas de lo que ya había sido el tratado de Versalles, para muchos el problema que llevó a la Segunda Guerra Mundial.

Morgenthau y Roosevelt
Desde ya que proponía la desmilitarización total de Alemania, algo razonable cuando vencés completamente a tu enemigo, el problema es que no se quedaba allí ya que proponía directamente destruir toda industria de armamento y toda industria que, en un futuro, pudiese usarse para crear armas. Esto implica acerías y maquinaria industrial de todo tipo.
Ya el primer punto es como buscar la medievalización del país, pero no terminaba aquí puesto que también apelaba a la división en porciones que dejaría al país en una pequeña franja en el centro de Europa.
Por un lado partes que luego adquirió Polonia ya estaban incluidas en este plan, aunque la URSS extendió bastante más su poder y le quitó más zonas todavía para entregarle a los polacos (al mismo tiempo que se apoderó de otras de Polonia).
El Saar y el Palatinado irían para Francia, la zona industrial del Ruhr sería una región controlada internacionalmente, era el área donde se concentraba la mayor parte de la industria previo a la guerra, el restante se dividiría en dos.
Estos dos estados "no industriales", eran un obvio caldo de problemas a futuro ¿Por qué no intentarían reunificarse? ¿Y recuperar la zona "internacional"? Exactamente el mismo tema que dio inicio a la guerra.
El desmantelamiento total de todo tipo de industria pesada convertiría a la derrotada Alemania en un problema inmediato, siendo uno de los países más poblados del continente iría a condenar a su población a la hambruna porque desde la producción de tractores a plantas de procesamiento quedaba prohibida.
Por alguna razón a Morgenthau se le ocurrió que devolver a un país dos siglos atrás era una buena idea, convertir al país de una potencia industrial a un mero país agricultor no tenía mucho sentido visto en perspectiva, pero hay que tener en cuenta el contexto en el que creía que se estaba moviendo.

Para 1944 todavía no se habían dado cuenta de su futuro enemigo, la URSS.
Y ahí está el detalle más jugoso de toda esta historia: el plan que pretendía evitar para siempre una nueva guerra contra Alemania terminó siendo peligroso justamente porque ignoraba quién iba a ser el verdadero protagonista de la próxima. Pero vamos por partes, porque lo más loco es que esto estuvo a nada de suceder.
En septiembre de 1944, durante la Segunda Conferencia de Quebec, Roosevelt y Churchill llegaron a poner sus iniciales en un memorándum que proponía convertir a Alemania en un país "principalmente agrícola y pastoril". Sí, leíste bien: los dos líderes del mundo libre firmaron, aunque sea de manera preliminar, la idea de pastorizar al corazón industrial de Europa.
Lo curioso es que Churchill al principio lo detestaba. Cuenta la anécdota que comparó atar el destino de Gran Bretaña a una Alemania arruinada con encadenar un cuerpo vivo a un cadáver. Lo que lo terminó de convencer no fue ninguna epifanía moral sino la billetera: en el mismo paquete venía la promesa de ayuda económica estadounidense para una Inglaterra quebrada por la guerra. Con ese dinero sobre la mesa, las iniciales aparecieron solas.
Pero no todos en Washington estaban tan entusiasmados. El Secretario de Estado, Cordell Hull, y el Secretario de Guerra, Henry Stimson, pusieron el grito en el cielo. Stimson, que no era precisamente un blando, llegó a calificar la idea como un crimen contra la civilización misma. El argumento de fondo era contundente: no podés meter a decenas de millones de europeos en el centro del continente, quitarles toda forma de ganarse la vida, y esperar que de ahí salga la paz. De ahí sale otra cosa, y esa otra cosa ya la habíamos visto crecer entre 1919 y 1933.
Y entonces pasó lo peor (o, más bien, mejor) que podía pasar: el plan se filtró a la prensa.
Acá es donde la historia se pone tragicómica. Para fines de septiembre de 1944 los detalles del plan ya estaban en los diarios, y del otro lado del Atlántico había alguien esperando ansioso un regalo como ese: Joseph Goebbels. El ministro de propaganda nazi no podía creer su suerte. Tomó el plan y lo convirtió en munición pura: "¿Ven? Los aliados no quieren liberarlos, quieren matarlos de hambre, convertir a Alemania en un campo de papas, esclavizarlos". De golpe, el mensaje de "ríndanse que es lo mejor para todos" se transformaba en "peleen hasta el final porque si pierden los condenan a la miseria".
Hay historiadores que sostienen que esta filtración le dio aire a la resistencia alemana en los últimos meses de guerra, alargándola y costando vidas de los dos lados. Es difícil de cuantificar y se sigue debatiendo, pero el regalo propagandístico fue real y enorme.
Roosevelt, viendo el incendio, hizo lo que haría cualquier político: se despegó del asunto a toda velocidad. Llegó a decir que no entendía cómo había firmado semejante cosa. El plan Morgenthau, oficialmente, pasaba a mejor vida, aunque no del todo.
Porque la primera directiva real para la ocupación, la famosa JCS 1067, todavía cargaba bastante ADN morgenthauano: les prohibía a las fuerzas de ocupación tomar medidas para reconstruir la economía alemana y dejaba en claro que Alemania no estaba siendo ocupada para su beneficio. En la práctica, los primeros meses de posguerra fueron durísimos y el fantasma de la hambruna fue muy real.
Pero acá entra en escena, justamente, el invitado que Morgenthau no había considerado: la Unión Soviética.

A medida que avanzaban 1946 y 1947 quedaba clarísimo que el enemigo de mañana ya no era una Alemania derrotada y ocupada, sino el imperio que se estaba tragando Europa del Este a cuchillo y tenedor. Y de repente toda la lógica del plan se daba vuelta como un guante.
Una Alemania empobrecida, hambrienta, resentida y desindustrializada plantada en el medio de Europa no era una garantía de paz: era el caldo de cultivo perfecto. ¿Para qué? Para exactamente lo mismo que había alimentado al nazismo después de Versalles, solo que esta vez el que recogía a los desesperados no iba a ser un partido nacionalista alemán, sino Moscú. Un país en ruinas y con hambre es el mejor afiche de reclutamiento que el comunismo podía pedir.
Lo dijo sin vueltas Herbert Hoover, el expresidente, en un informe de 1947: la idea de reducir Alemania a un estado pastoril era una ilusión, salvo que estuvieras dispuesto a exterminar o expulsar a unos veinticinco millones de personas, porque esa tierra no alcanzaba para alimentar a tanta gente sin industria. Veinticinco millones. El número solo ya te dice todo lo que necesitás saber sobre por qué el plan era una locura.
Así que Estados Unidos hizo un giro de ciento ochenta grados. En julio de 1947 la JCS 1067 fue reemplazada por la JCS 1779, que arrancaba con una premisa opuesta: una Europa próspera y ordenada necesitaba la contribución de una Alemania estable y productiva. Ese mismo año George Marshall lanzaba en un discurso en Harvard lo que terminaría siendo el Plan Marshall, y la consigna ya no era desmantelar fábricas sino levantarlas lo más rápido posible.
El resto, más o menos, lo conocemos. La Alemania Occidental no solo no fue pastorizada sino que protagonizó el Wirtschaftswunder, el "milagro económico", se convirtió en una de las economías más potentes del planeta, entró a la OTAN y se transformó en el muro de contención más importante de Occidente frente a la URSS. La frontera de la Guerra Fría pasó literalmente por el medio de Alemania, y el lado occidental, que NO se pastorizó, fue un ejemplo de prosperidad frente al gris del bloque soviético.
Y acá llegamos al punto del título.
Imaginate por un segundo el escenario alternativo: el plan Morgenthau aplicado al pie de la letra. Decenas de millones de alemanes muriéndose de hambre en el centro de Europa. Un vacío de poder gigantesco justo en la línea de contacto entre Oriente y Occidente. Una población resentida hasta la médula, sin nada que perder, mirando hacia el único lado que parecía ofrecerle algo. No hace falta ser un genio de la geopolítica para ver cómo termina esa película: o toda Alemania cae bajo la órbita soviética, o el polvorín estalla en un nuevo conflicto a gran escala. En cualquiera de los dos casos, la Tercera Guerra Mundial deja de ser una hipótesis de manual para volverse una posibilidad muy concreta.
De hecho, si no era guerra era un pozo negro soviético ya con fronteras en Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, todos iban a quedar rodeados por una entrante soviética.
Al reconstruirla en lugar de medievalizarla, Occidente se ganó un aliado fuerte en vez de fabricarse un estado fallido, hambriento y rencoroso en su propia frontera. Cambió un futuro enemigo por un socio. Y esa, probablemente, fue una de las mejores decisiones de no hacer algo de todo el siglo XX. Contrasta con otras políticas que aplicaron luego, pero no se puede todo 🤷😅
La ironía final es: Morgenthau quiso diseñar el plan definitivo para que Alemania nunca más empezara una guerra mundial. Y resultó que la mejor manera de evitar la próxima guerra mundial fue, justamente, tirar su plan a la basura.
Menos mal.
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