Categoría: Textos

El Marciano

Escrito el , visto 9034 veces Ver usuariopor Fabio Baccaglioni



Hace unos días me dispuse a leer un libro de ciencia ficción nuevo, soy de los que siempre queda trabado en los grandes clásicos y le cuesta la lectura de cosas nuevas pero visto que The Martian tenía tanto ruido en la web durante los últimos años y que Ridley Scott iba a realizar una película con Matt Damon ¿Por qué no?

Así que en una semanita me leí el libro completo que, por suerte, se puede encontrar libremente en la web, es que si bien el libro se compra por Amazon y demás tiendas el original fue publicado capítulo a capítulo en la red por Andy Weir, su autor, cuando éste no conseguía editorial, así que es de libre distribución siempre y cuando no se revenda (según el autor).

El éxito de El Marciano le permitió a su autor volverse rico pero ¿De qué se trata? A continuación les cuento y, de paso, qué me pareció...

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Mi médico me dejó

Escrito el , visto 6216 veces Ver usuariopor Gimena Río Mezzadri

Aclaración: escrito por Gimena Río Mezzadri



Hace más de diez años que me venía atendiendo con el mismo médico de cabecera, me acuerdo haberlo elegido en un momento en que no tenía obra social y tampoco demasiada capacidad para pagarlo, pero en el año 2002 aceptaba cheques, patacones, lecops y por poco una gallina a cambio de la atención.

Esto tenía mucho que ver con su personalidad y su relación con los pacientes, entre charlas me contaba que se encargaba de saber el motivo por el cual un paciente cancelaba un turno y me consta que nunca dejaba de devolver los llamados telefónicos de sus pacientes.

La dedicación que tenía con cada uno, muchas veces se traducía en horas de sala de espera, donde la revista más nueva era del año 98 y el malhumor reinante podía olerse, pero cuando llegaba mi turno también me dedicaba todo el tiempo necesario y contestaba mis preguntas con explicaciones detalladas incluso por demás, muchas veces uno quisiera evitar los detalles...

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Esa sensación que tenés cuando encontrás plata en un bolsillo

Escrito el , visto 3910 veces Ver usuariopor Fabio Baccaglioni



Debería dársele un nombre clínico, algo, un efecto psicológico, es ese sentimiento extraño que te invade cuando metés la mano en una campera que tuviste guardada casi un año y aun con olor a naftalina (que viejo sueno) te la probás y allí, en ese bolsillo perdido, un billete.

El tema es que ese sentimiento tiene varias etapas, la primera es "¿Pero qué cuernos es esto?" cuando tus dedos chocan con el papel moneda, tu tacto identifica instantáneamente esa textura pero aun así media parte de tu cerebro todavía no quiere creerlo, ¿Un billete? no debería estar ahí. Misterio.

La segunda etapa es de sorpresa ¡Un billete! ¡Esperemos que todavía sea de curso legal! si, claro, vuelvo a sonar antiguo pero hace unas décadas uno esperaba que el billete que saliera del bolsillo tuviese valor alguno, porque esto nos abre varios caminos en la siguiente etapa que nos empieza a desdibujar la sonrisa.

Es en ese momento donde nuestro lado racional nos da un sopapo ¡Estúpido! es que si ese billete es de una moneda antigua el sopapo es evidente ¡No lo usé cuando servía! pero ultimamente llevamos dos décadas del mismo tipo de billete, así que el problema está en todo aquello que dejaste de hacer por no encontrarlo.

Claro, cuando tenés plata ni te afecta esta etapa, continuás con la sonrisa, pero para el bolsillo de un joven es uno de los mayores dilemas, esos 100 pesos que no encontró ayer no los usó para quien sabe qué cosa que dejó, que postergó, por falta de efectivo, así que el dulce sabor del encuentro se mezcla con la tenue amargura de la memoria al recordar lo no acontecido.

Luego viene el intento de memoria ¿Qué día guardé este abrigo? mierda, nos damos cuenta que el cerebro es maldito, selectivo, se caga en vos constantemente y este es uno de los momentos, cuando no te deja recordar cuando fue y ni siquiera qué destino tenía aquel capital.

El plus a esta dicha-desdicha es encontrar la doble desdicha: el billete hecho mierda por el lavarropas. Ah, es el colmo de encontrarse un billete, si ya el encontrarse unos viejos cruzeiros en un saco ochentoso puede resultar gracioso para nada lo es que sea un billete destruído por el proceso de lavado-secado asesino de papel. Ese duele, aunque sea un billete pequeño.

Alivio es, en cambio, cuando nuestros dedos creen que es un billete y lo que sale es un papel cualquiera arriunado por el agua, pero tragedia era cuando el papel poseía aquel número telefónico de aquella dama en las épocas en las que para encontrarla tenías que llamarla por teléfono. Pero claro, ese tiempo ya fue, sigo sonando a viejo, como un billete en un olvidado pantalón.

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Buenos Aires no me mates

Escrito el , visto 8812 veces Ver usuariopor Gimena Río Mezzadri



Acá es donde vivo. Nací en Buenos Aires, en un barrio tranquilo, en tiempos contradictorios.

Siempre me costó estar demasiado tiempo lejos de casa, hubo veces en que la desilusión fue grande y el engaño me dolió tanto que ya no veía el sentido de estar acá, pero si me preguntan a la distancia, quedaron con vida los buenos recuerdos, y por suerte los buenos recuerdos son muchos.

Creo que somos demasiado nostálgicos, quizás es la versión porteña de la pasión latina, pero nos gusta así.

Siempre encontré en Buenos Aires su costado poético, nos encanta pensar en un misterio escondido, caminando en las calles de San Telmo, sonando en un bandoneón del Abasto, pintado de colores en La Boca.
El misterio de Mujica Láinez y el espanto en la pluma de Borges.
Todo lo podemos pensar

En cualquiera de los casos, lo lindo y lo feo se lleva puesto.
Buenos Aires, el gen del tango y del mate, la piel gris, el alma bohemia, la noche eterna y el barrio encarnado hasta la última esquina.

Y pese a todo seguimos estando acá y no tengo otra manera de pensar en casa.
Aunque quede poco misterio y mucho espanto, y la raya que los separa, querida Buenos Aires, la conciencia me habla, y eso se llama miedo o algo que se le parece demasiado.

Y la verdad duele, porque la ciudad es muy mía, son las mismas esquinas en donde jugaba y las mismas calles que anduvimos en bicicleta, y las avenidas que caminamos de madrugadas, mi plaza, es la cuadra del club, el almacén del gallego, la panadería de la vuelta y la vereda del colegio.
La escenografía imperfecta de los recuerdos perfectos.

Tengo miedo, o algo parecido, de los lugares que tanto quiero, y me da mucha bronca tener miedo, pero no lo puedo evitar.
Miedo a la noche, a las sombras, a las luces, a los ruidos, al silencio.
Miedo a que no haya nadie, miedo a los otros…
Miedo a estar, y ya no estar más.


Texto de Gimena Río Mezzadri

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¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?

Escrito el , visto 4923 veces Ver usuariopor Fabio Baccaglioni



Novela corta del genio de la ciencia ficción, Phillip K. Dick, un clásico escrito en 1968 ubicándonos en un mundo distópico, afectado por la radiación, donde la gente "útil" se fue a colonizar otros planetas, donde los animales han muerto y los androides asisten a la humanidad pero algunos pocos se quieren escapar y se rebelan.

En este escenario Rick Deckard es un cazarecompensas que vive cazando, valga la redundancia, androides fugados.

Les recomiendo leerlo, para los que ya conocen, es la base del guión de Blade Runner, no es exactamente como la película que se podría considerar una "versión libre", pero como oí por ahí que estan planeando hacer una nueva Blade Runner pero esta vez respetando el guión original ¿que mejor que bajarlo en PDF y leerlo? aquí lo tienen

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El Aumento

Escrito el , visto 7013 veces Ver usuariopor Gimena Río Mezzadri



La vida laboral tiene un punto crucial que, tarde o temprano, llega. Ese momento en el que te tenés que hacer de coraje y una fuerza de voluntad descomunal como para lograr quebrar tus miedos. Ese día en que uno como empleado va a poner en consideración de su superior la posibilidad de un incremento en sus haberes, tan esperanzador, tan lleno de ilusiones, se ha tornado un mal chiste.

El diálogo es calcado en todos los casos y parece salido de un “Manual del Buen Garca de Recursos Humanos”, del buen garca con buena leche, el famoso GARCA MACANUDO.

Es algo más o menos en este tenor… (a continuación dentro del post)

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Taringa, el libro

Escrito el , visto 5645 veces Ver usuariopor Fabio Baccaglioni

El libro de Taringa
No se como se hace para llegar a tener un libro en este país, para Cumbio fue más fácil que para todo el resto, si hacemos las cuentas, Taringa está dando vueltas hace muchos años, la chica flogger unos meses y logró lo mismo, pero ni hablar, Kafka estaba en peor situación y leímos sus libros de pedo (ni él quería publicar sus escritos, prefería quemarlos).

Pero la realidad es que tenemos libro taringuero en la librería de confianza :P no es un libro buscando un interés económico, de hecho, si son pobres, pueden bajarlo desde el sitio oficial, si no que lo ingresado por las ventas irá a parar al programa "Un techo para mi país".

Más allá del precio que creo que ronda los 45$ y que hay mejor literatura por la mitad de ese dinero (Cortázar, Bradbury, Borges, Cervantes, etc.) es más una donación para ese programa de viviendas que otra cosa.

¿que se puede contar en el libro de una red social? no tengo idea, todavía no lo tengo en mi poder aunque ya me lo ofrecieron los chicos de T! para hacérmelo llegar así que, durante la semana, les cuento :P

¿Da para hacer el libro de un blog? :D ja! ni en dope, antes escribo uno desde cero, pero ese seguro que no lo lee nadie ni gratuito :P

Igualmente lo genial del libro de T! es que se hayan acordado de Peluchín :D no podía faltar!

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«Ladran, luego cabalgamos»

Escrito el , visto 13669 veces Ver usuariopor Fabio Baccaglioni

Gime está ante la titánica tarea de leerse el Quijote de La Mancha, de Cervantes, y ha buscado la famosa frase que todos hacen mención a cada rato, pero resulta que no es del Quijote ni de Cervantes. No está en el libro.

La creencia popular dice que sí, pero... la realidad es que nunca escribió tal frase que , cada tanto, algún lector deja también en forma de comentario.

Hay variantes de todo tipo, todas apócrifas, en Wikicuote las reunen:

"Ladran, luego cabalgamos."

1. Variante: "Ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho."
2. Variante: "Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos."
3. Variante: "Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando."
4. Variante: "Ladran Sancho, señal que avanzamos."
5. Variante: "Si los perros ladran es señal de que avanzamos."
6. Variante de Edgar Isch López: «La conocida frase del Quijote: "Sancho, si los perros ladran es señal de que avanzamos", tiene mucho sentido [...]»]
7. Variante: "Señor, los perros están ladrando. — Tranquilo, Sancho, es señal de que estamos cabalgando."

Encontré un muy buen artículo de Ángel Padín en el diario La Voz de Galicia que explica como intentó buscar el origen y la autoría de dicha frase y se encontró en punto muerto, de Cervantes, seguro, no viene.

Igualmente, la idea de la frase sigue pegando y es así como todavía se la usa y se la seguirá usando, es que ladran, señal que cabalgamos :D

Ah, y otras dos cosas para notar, Sancho no era ni gordo ni petiso, como el cuadro que ilustra este post, ni era un bobo, tan solo robusto, y no se olviden del Hoax Borgiano, otro caso de literatura apócrifa que cada tanto abordamos por acá y que, seguramente, tarde o temprano también nos equivocaremos citando un autor que no fue :D

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